
El 9 de marzo de 1916, Pancho Villa y quinientos ochenta y ocho de sus hombres se adentraron en los Estados Unidos, no con intención de conquistar a los vecinos del norte, más bien una acción de castigo entre otras razones por que habían reconocido al gobierno mejicano de Carranza y dejado de vender armas a fuerzas contrarias, de lo que Villa era el principal afectado.
Se dirigieron a la ciudad de Columbus a la que arrasaron en unas horas, atacando y saqueando su hotel, bancos, comercios y guarnición militar. Un acto que costó unos 75 hombres a las fuerzas villistas, siendo 18 los estadounidenses muertos. Después de tres horas de ataque y saqueos, con las alforjas llenas, volvieron sobre sus pasos a México. Desde la independencia de Estados Unidos será el único momento en que fuerzas extranjeras se adentren y la ataquen en su territorio.

"Tengo el honor de informar a usted que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna".
Los Estados Unidos formaron una expedición punitiva contra Villa y sus hombres, al mando de John J.Pershing, que luego sería el Mayor de las tropas estadounidenses en la 1ª Guerra mundial, con más de 10.000 soldados en algunos momentos y entre ellos un escuadrón aéreo de ocho aeroplanos, durante once meses estuvieron por México persiguiendo al guerrillero, que no pudieron capturar por ser más conocedor del terreno y en muchos momentos pareció estar jugando con las tropas yanquis.
"Pershing rascó, escarbó y no encontró más que serpientes, tarántulas, lagartijas y piedras".
Se probaron por vez primera armas que luego darían su rendimiento en la I Guerra Mundial, encontrándose en esta expedición infructuosa dos jóvenes tenientes recién salidos de West Point: Eisenhower y Patton, que alcanzarían fama y renombre en la II Guerra Mundial.
Ahora vivo allá por la orilla
recordando aquel tiempo inmortal,
ayayay...
ahora vivo allá por la orilla
recordando a Villa allá por Parral.
La convicción de los hombres de Villa en su líder fue grande e influyó mucho en que no fuese capturado, así uno de los pocos que lo fue en los Altos de Chihuahua, rodeado por tropas norteaméricanas y carrancistas, solo se entregó si eran méxicanos los que le detenían, si no prefería morir luchando, antes de ser fusilado declaró al periodista del Herald:
"Yo fui el primero en unirme a él y he sido su fiel seguidor y su rendido esclavo desde entonces. Mucho preferiría morir por mi patria en batalla, pero si han decidido matarme, moriré como Pancho Villa querría que lo hiciera: con la frente en alto y los ojos descubiertos, y la historia no podrá decir que Pablo López flaqueó a las puertas de la eternidad".
Pancho Villa, ya un nombre para la historia, de otra época no tan lejana, sobre él que se ha escrito y cantado muchos corridos, lleno de luces y sombras, autor de un frase genial:
"No estoy de acuerdo con los sueldos que ganan los profesores que atienden la escuela. El día que un maestro gane más que un general, entonces se salvará México."